Testimonio de Paula, enfermera y miembro del grupo de Jovenes Lobur


Mi nombre es Paula, soy enfermera y he estado trabajando en Turkana con la clínica móvil durante un año y unos meses, y continúo, desde Madrid, apoyando este proyecto con el grupo de “jóvenes Lobur”, el grupo de voluntarios a los que me uní después de mi experiencia personal y profesional.
Gracias a la suma de este grupo de jóvenes y otros profesionales, conseguimos con los años mejorar y consolidar este joven proyecto de salud en la Misión de Lobur.
En primer lugar, os cuento un poco sobre mi.
Estudié enfermería y terminé la carrera hace casi tres años. Desde muy pequeña sentí una fuerte inclinación y ganas de ayudar a los más desfavorecidos. Nunca me conformé con la explicación de que “el mundo en el que vivimos es egoísta e injusto, y ya está”. Creí que debia ir más allá.
Y es por ello, por lo que decidí estudiar enfermería y lo que finalmente, en enero de 2017 me trajo a Turkana.
La vida en Turkana y mi labor en la clínica móvil me han cambiado la vida, de una manera tan radical que es para mi muy difícil de transmitir, pero voy a intentarlo.
En mi caso, me considero una persona muy afortunada, siempre he intentado ser consciente de ello y agradecerlo. Pero una cosa es saberlo y otra muy diferente, ir a uno de los lugares más pobres y remotos del mundo y experimentarlo en primera persona…lo que viví en Turkana es otra realidad, otro mundo y otra vida que me hicieron replantearme todo aquello en lo que siempre he creído.
Fui allí con la intención de aportar y ayudar en todo lo que pudiera, y me di cuenta de que a la que ayudaron en primer lugar es a mi.
Toma tiempo adaptarse a otra cultura radicalmente diferente a la nuestra y es una lección de vida aprender y experimentar que seres humanos viven la extrema pobreza simplemente porque han nacido en un lugar sin recursos. Más de una vez pensé que cualquiera de nosotros podría estar en ese lugar por nacer allí, es un misterio…
Entender desde la convivencia con los turkana algo tan obvio como tener un lugar donde dormir, alimento diario, familia y salud -Cosas tan “sencillas” en apariencia- como tenemos aquí, allí son todo un desafío y una lucha constante para sobrevivir.
Vi como caminan kilómetros y kilómetros para conseguir agua, asistencia sanitaria o alimentación, como viven al día y aprecian lo realmente importante.

A nivel espiritual, en Turkana he sentido a Dios más cerca que nunca.
Es curioso como en un lugar en el que aparentemente y a nivel material no tienen “nada”, se pone de relieve que a veces nos complicamos mucho la vida deseando tener mucho más y acabamos teniendo mucho menos.
He visto a Dios en las personas, en los misioneros como Albert, Alex, Wycliff, en Maque…y muchos más, en su ejemplo, en su forma de ver la vida y cómo van aportando todo lo que pueden y más.
Para terminar, creo que el trabajo de los misioneros y todos aquellos que viven allí es admirable e inspirador y aprecio esta amistad que tanto me hace crecer y compartir con los demás haciendo el bien.
Todos, desde donde estamos, podemos hacer mucho más de lo que creemos, aportando lo que se pueda a nivel económico, rezando y teniendo presentes a aquellos que no han tenido tanta suerte y valorando lo que la vida nos ha regalado gratuitamente.
Un abrazo a todos y muchas gracias. Paula