LA NUEVA MISIÓN DE LA MCSPA AL SUR DE ETIOPÍA CON LOS NYANGATOM

Hace ya más de diez años que acudo con cierta regularidad al norte de Kenia o a Etiopía.

Las impresiones que recibo en cada viaje siempre son singulares y siempre son impactantes. Pero más allá de la potencia de las imágenes y de la intensidad de las vivencias, en cada ocasión tengo el privilegio de ser testigo en primera persona de la verdadera riqueza de estos viajes; es consecuencia del contacto personal y directo con los miembros de la Comunidad Misionera de San Pablo con los que tengo una particular relación de amistad y cariño.

Si no recuerdo mal, fue en el año 2010 cuando tuve la inmensa fortuna de acompañar a Ángel Valdivia a visitar una nueva zona en la que tenían en el firme deseo de fundar una nueva misión; en la zona de los Nyangatom, al sur de Etiopía, en la frontera con Kenia y con Sudán del Sur. Vino con nosotros Pablo Moñino 

Fue un viaje ciertamente problemático y difícil. No por la acogida de la tribu Nyangatom, que fue fantástica, pues nos prestaron todo su apoyo material posible y su afecto, sino porque estuvo plagado de dificultades e inconvenientes. 

Así, por ejemplo, al pasar la frontera se nos impuso “cordialmente”, la imprescindible necesidad de que nos acompañasen, para garantizar nuestra seguridad, dadas las dificultades y violencia de la zona, un militar y un agente de la policía. Ambos personajes, acompañados de los correspondientes fusiles Kalasnikov. Convivieron con nosotros aquellos días. Fueron testigos impertérritos y pasivos de lo que acontecía. Las condiciones meteorológicas fueron muy penosas. El coche con tracción a las cuatro ruedas se atascaba cada dos por tres. Afortunadamente los miembros de la tribu nos ayudaron siempre, desinteresadamente, para salir de los atascos.

El lugar es una zona de tránsito de los que huyen de las guerras el sur de Sudán, camino de Etiopía o simplemente en búsqueda de una mejor vida. 

Al ofrecer a los Nyangatom la posibilidad de crear una misión católica, su respuesta fue positiva pues conocían una experiencia que varias décadas atrás habían tenido con una misión protestante de origen sueco. 

A la pregunta de ¿Qué es lo que más necesitáis? Siempre respondían: agua, agua, agua es lo que más necesitamos.

Ha pasado ya mucho tiempo. Casi dos lustros. Desde entonces la situación ha mejorado sustancialmente. Pues de vivir muy penosamente en tiendas de campaña durante casi cuatro años Ángel y David disponen de agua y de nuevas infraestructuras, en un lugar topográficamente fantástico, como es la colina de Naturomoe. La “misión” es ya una realidad física, implantada en este promontorio.  Las vistas son excepcionales. Por la noche corre una ligera brisa que permite dormir. Dos pozos situados en las inmediaciones de la colina proporcionan agua para todos los servicios. 

Son varias las docenas de visitantes y cooperantes que han pasado por allí; de varios países, alumnos y profesionales, creyentes y agnósticos, hombres y mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, … siempre, siempre son bienvenidos.

En la zona ya hay más de una docena de pozos, la primera balsa se ha terminado. Una guardería para los más pequeños ya se ha terminado. Y son muchos los proyectos que están encima de la mesa a espera de financiación.

Por todo ello el futuro es halagüeño. La esperanza ha dejado de ser un acto de fe para convertirse en una realidad objetiva. El testimonio de que Jesús ha nacido, muerto y resucitado se reparte por la región, dando pan al que tiene hambre, agua al que tiene sed y ofreciendo paz al que sufre de la violencia.

Los primeros brotes de una nueva Vida, Vida con mayúscula, están presentes. 

Claudio Olalla Marañón. 

Catedrático en Ingeniería del Terreno

 ETSICCP – UPM